martes, 9 de octubre de 2012

Tarareando en mi memoria


Después de casi un año sin postear nada y de haber podido juntar un par de kilómetros más en mis suelas, ya de regreso en casa, recordando todo lo vivido, me dije a mi misma: Por qué no volver a escribir??? Y esta vez el tema en cuestión es algo que, así como la comida, nos permite tele transportarnos a los lugares y nos dice tanto de un destino como los sabores en el paladar. Creo que no es necesario aclarar que estoy hablando de la música. Hay lugares que tienen fama musical, otros no tanto, pero en todos vamos a encontrar inigualables melodías que los van a diferenciar del resto y que van a quedar grabadas en nuestro recuerdo para reproducirlas tanto como nosotros queramos.
Muchas veces, ese recuerdo musical es simplemente una canción ¨de moda¨ que suena mucho durante un viaje, ya sea en una disco, en un bar o simplemente en la radio y que al regresar, cada vez que le toca el turno en la radio local, nos hace volver al sitio donde la escuchamos por primera vez.
Otras veces son shows en vivo que pudimos disfrutar, recitales en la playa, bandas en un bar, pero sea como sea, van a volver a nuestra memoria inagotables veces para sacarnos una sonrisa.
Hoy particularmente quiero contarles mi experiencia musical en uno de los países donde la gente prácticamente respira música. Si les digo Gaita, Bodhrán, Guitarra, Arpa, Flauta… pueden adivinar??? Bueno para los que aún siguen con la duda… Irlanda!!! Sí, esa maravillosa isla verde que para contrarrestar las dificultades de su clima, me regaló inolvidables momentos vividos para acordarme de ella con alegría. Ahora bien, quizás lo primero que pensaron algunos cuando dije Irlanda fue U2!! Y sí, es una de las grandes bandas irlandesas con fama mundial y una de mis preferidas, pero en este caso ellos me regalaron recuerdos en otros lugares y fueron desconocidos intérpretes los se ganaron un lugar en mi corazón y mi alma en esta ocasión.



La ciudad de Cork fue la gran anfitriona y sus bares y pubs quienes nos acogieron en sus noches lluviosas. En esos escenarios fue que descubrí la música denominada tradicional folk y sus live sessions, es decir la música tradicional irlandesa y lo que ellos llaman las sesiones en vivo, en donde la particularidad es que los músicos llegan al lugar cada uno por su cuenta con sus instrumentos y se juntan para interpretar improvisadamente algunas piezas, la mayoría de las veces solo a cambio de unas pintas (unas cuantas!!!). Pero no puedo dejar de decir que fue Claudia, mi amiga venezolana, quien me mostró esta cara de la ciudad y quien me llevó por primera vez al que luego se convertiría en mi pub favorito en el mundo, el Sin E. Nosotros queríamos ir a un ¨típico¨ bar irlandés, dado que siendo uno de sus productos de exportación, no podíamos estar viviendo ahí y no ir. Y si bien en Irlanda hay dos bares por cuadra,  la mayoría eran iguales a los que uno puede encontrar en cualquier ciudad del mundo occidental.  Así fue que aprendimos la primera lección: una cosa es un BAR y otra muy distinta es un PUB. Y lo que buscábamos nosotros era un PUB. Aclarado esto, Claudia un día nos dijo vamos al Sin E y ahí fuimos. La entrada no decía nada, puertas y ventanas pintadas de negro, los vidrios tapados con diarios o fotos impidiendo ver el interior y un mínimo cartelito que nos indicaba que estábamos en el lugar correcto. Sin embargo al abrir la puerta sentí que estaba entrando en una película y yo era la protagonista. Lo primero que percibí fue el particular aroma de los pubs irlandeses. Todavía no puedo descifrar bien que es, pero supongo que es la madera mezclada con la cerveza que cae en pisos y mesas, la cantidad de gente y que antiguamente se fumaba en el interior lo que les da ese particular aroma. A esto se le sumaba un grupo de músicos tocando fervorosamente en un rincón y gente bailando alrededor. Luego vi la pequeña barra atiborrada de personas pidiendo sus pintas y cuando pudimos acomodarnos empecé a observar los detalles de este increíble lugar. La iluminación eran botellas con velas dispuestas en las pequeñas mesas, las paredes estaban repletas de antiguas fotos, posters, banderines, banderas y tantas otras cosas imposibles de descifrar y del techo colgaban otras tantas. Todo dispuesto sin intención alguna, o al menos eso parecía, y lo cual formaba una atmósfera cálida y agradable que invitaba a quedarse hasta que las velas se apaguen. Así fue mi primera experiencia en un irish pub. Luego pudimos ir a otros pero éste se quedó con mi corazón, como el primer amor.
Y para terminar les digo, que si de música se trata, los invito a todos a conocer la hermosa Isla lluviosa, porque como me dijo alguien alguna vez, en Irlanda  vas a encontrar buena música donde vayas y así fue!! En la calle, en los bares, en los pubs, EVERYWHERE!!!!!




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